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Las fiestas tradicionales del judaísmo y del
cristianismo nos otorgan la oportunidad de celebrar la
Presencia Divina en nuestra existencia y de acoger al
Espíritu Santo para que nos bendiga.
Estos días son a modo de umbrales, cuando es tenue el
velo entre cielos y tierra, y la esencia del Espíritu
Santo y el reino de los ángeles se encuentran más
fácilmente al alcance de nuestro entendimiento. Nuestra
conciencia de Dios es más sólida, y el santuario de amor
y de paz que Él nos brinda se halla más próximo a
nuestros corazones.
PASCUAS
Entre el 21 de marzo y el 25 de abril en Occidente,
entre el 3 de abril y el 8 de mayo en Oriente.
La fiesta más antigua y sacra del calendario cristiano.
La pascua, se halla presidida por el Ángel de la
Resurrección. Para millones de creyentes, el milagro más
grande y el acontecimiento más poderoso de la Historia
es la resurrección de Cristo en su tumba tres días
después de haber muerto en la cruz. Este constituye el
misterio crucial de la fe cristiana.
Se conoce a la Pascua como "la fiesta de las fiestas".
Esta jubilosa celebración de la victoria de Cristo sobre
el pecado y la muerte significa renacimiento, renovación
y la esperanza de una vida eterna. Al igual que la
antigua leyenda del ave fénix alzándose de sus cenizas
refiere un relato de pasión y renacimiento, así la
resurrección de Cristo conduce nuestra fe en la
providencia a un nuevo nivel de perfección y
comprensión. Vemos cómo cada primavera, cuando emerge la
nueva vida, se nos revela otra vez el misterio de la
creación.
En un hondo nivel psicológico, la historia de la
resurrección denota la necesidad de que el alma humana
perdona, aprenda a liberarse de su carga y nazca de
nuevo. La Pascua nos ofrece la promesa de una perpetua
renovación espiritual.
Resucitamos a la luz eterna del espíritu cuando
celebramos quiénes somos verdadera e íntimamente. Así
como la muerte significa la desintegración de lo que ha
dejado de tener vida, nosotros somos capaces de
liberarnos de todo lo que ya no sirve a nuestro
desarrollo consciente como seres espirituales. Al
someter nuestro ego a la mente superior y permitir que
se extinga nuestra vanidad, aprendemos a ser fuertes y
valeroso.
La resurrección nos muestra que tenemos la oportunidad
de alzarnos sobre el dolor, la mezquindad, las pérdidas
y las separaciones. NOs ayuda a encontrar de nuevo
nuestro corazón. Este es el milagro de la Pascua.
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MEDITACIÓN
Reflexione sobre su disposición a amar y
aceptar
cada aspecto de sí mismo.
Muéstrese deseoso de abordar sin condiciones
cualquier
situación, como Cristo hizo en su muerte.
Encontrará
la gracia para perdonar todo lo que parezca
indigno en
su persona. Acepte como parte de su
naturaleza ese
aspecto propio que anhela amor, ternura y
respeto.
Puede hallarlo en su corazón para amarse a
sí mismo
como lo ama su Padre en los cielos. De esta
manera
resucitará su naturaleza espiritual.
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ORACIÓN
Amado Ángel de la Resurrección, ofrecemos
nuestras
plegarias a Dios para elevar nuestra
conciencia y que nos muestre la gloria de
nuestro Ser Superior.
Ayúdanos a superar el dolor, la humillación,
la mortificación e incluso la muerte, a
conocer la Joya Perfecta que somos.
Ayúdanos a superar nuestros agravios.
Ilumina nuestras mentes para que conozcamos
la
necesidad de amor y de paz que sienten
nuestras almas.
Ayúdanos a brillar y a alzarnos por encima
de todas
las limitaciones hasta lograr nuestra
expresión más plena.
Amén. |
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La Música de esta Página
"Bach Pachelbell Cannon"

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