


La
fiesta
de
la
Asunción
de
la
Santísima
Virgen
María
se
halla
presidida
por
el
Ángel
de
la
Gracia.
El
don
de
la
gracia
de
Dios
a
la
compasiva
Madre
de
Cristo,
que
intercede
por
nosotros
en
el
cielo,
ofrece
la
esperanza
de
la
salvación
a
millones
de
seres
corrientes
cuyas
vidas
parecen
desesperadamente
comprometidas.
Esta
fiesta
en
honor
de
la
milagrosa
asunción
de
la
Virgen
María
a
los
cielos,
constituye
una
devoción
fervorosa
y
difundida
en
las
Iglesias
católica
y
ortodoxa.
Como
María
nació
sin
pecado
original,
abandonó
esta
vida
sin
sufrir
la
corrupción
de
la
muerte,
que
es
el
resultado
del
pecado.
Llevada
en
cuerpo
y
alma
a
la
gloria
de
los
cielos,
anticipó
el
destino
de
todos
los
creyentes.
Así
la
oración
inicial
de
su
Misa
acaba
con
las
palabras:
"Os
rogamos
nos
concedáis
que,
atentos
siempre
a
las
cosas
del
cielo,
merezcamos
participar
de
su
gloria".
El
torrente
universal
de
devoción
a
la
Bendita
Virgen
María
en
este
día
sacro
se
halla
regido
por
el
Ángel
de
la
Gracia.
Se
trata
de
una
celebración
cordial
de
exaltación
y
curación.
Cuando
abrimos
nuestros
corazones
al
amor
y
solicitamos
que
la
gracia
de
la
Santísima
Virgen
María
interceda
por
nosotros
y
escuche
nuestras
oraciones,
nos
acercamos
todavía
más
al
amor
al
espíritu
maternal
en
nuestro
seno.

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| MEDITACIÓN
Oriente
su
atención
hacia
dentro
y
expulse
todos
los
pensamientos
que
sobran
en
su
mente.
Imagine
a
su
corazón
como
una
luz
dorada
y
resplandeciente
que
representase
la
esencia
de
Dios
en
su
seno.
Intensifique
esa
luz
para
que
abarque
a
todo
su
amor.
Deje
que
penetre
en
su
cuerpo,
su
mente
y
su
espíritu.
Permite
que
irradie
hacia
el
mundo,
iluminando
los
rincones
oscuros
de
los
corazones
y
mentes
de
las
gentes
en
donde
no
brilla
el
amor.
Esta
gracia
es
una
manifestación
de
su
vinculación
con
el
Espíritu
Santo
y
procede
de
un
corazón
atento
y
cariñoso.
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ORACIÓN
Al
amado
Ángel
de
la
Gracia,
cuya
luz
brilla
sobre
el
rostro
de
todos
aquellos
que
solicitan
amor.
Enséñanos
que
nunca
te
hallas
lejos
de
nosotros,
que
estás
dispuesto
a
ser
invitado
a
nuestros
corazones.
Ayúdanos
a
aceptar
nuestras
vidas
con
gracia
y
a
compartir
lo
mejor
de
nuestra
luz.
Todos
ansiamos
la
experiencia
profunda
y
rica
de
vivir
en
la
presencia
de
Dios
y
con
la
bendición
del
Espíritu
Santo.
Permite
que
tu
gracia
resplandezca
dentro
de
nuestros
corazones
y
mentes.
Amén
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