
    
Jesús llegó para colmar aspiraciones humanas y para
encarnar el más alto de los principios universales, el del amor incondicional.
Es el verbo hecho carne. Nació, vivió y murió con el fin de que el espíritu
humano pudiera evolucionar y la humanidad se elevase a un nivel superior de
conciencia espiritual. Su encarnación y crucifixión nos redimen del pecado y nos
devuelven a la comunión con Dios; por la luz de su amor fuimos liberados de las
tinieblas.
Jesús es un modelo de perfección al que puede aspirar el espíritu humano.
Sabiendo que Su espíritu vive dentro de nosotros y reconociéndolo como la Fuente
de toda bondad, luz y alegría, podemos desarrollarnos hasta ser individuos
íntegros en vez de fragmentados. Al alinearnos conforme al principio supremo,
proporcionamos a nuestras vidas un sólido fundamente.
La parte mejor, más noble y pura de cada uno, que es la luz de Cristo dentro de
nosotros, nos conduce hasta la seguridad cuando hallamos en peligro de
descarriarnos en la existencia. Esta es la conciencia superior de la que
imploramos orientación, protección y apoyo. Pedimos ser elevados a través de su
amor y de su curación.
Cuando permitimos que brille dentro de nosotros la luz de Cristo, alcanzamos
aquellas cualidades que Jesús encarna. Él vive en esa parte de nosotros que es
eterna. Aquí, en este plano terrenal, evolucionamos hacia una espiritualidad más
alta gracias al principio divino en nuestro seno.
Cristo nos respalda por completo en la tarea de que aprendamos. Es el maestro y
el consuelo supremo, cuya presencia significa nuestra esperanza y nuestro
refugio. Le ofrecemos gratitud y nos desembarazamos de miedos y dudas cuando
ponemos la esperanza en la vía que tenemos ante nosotros.
Volverse hacia la luz de Cristo exige humildad y la fe en que Dios entregó a su
hijo para nuestro crecimiento y desarrollo más hondos. Cristo representa la
encarnación de la perfección, de la integridad y del poder de Dios para actuar
en nosotros. Nos tornamos seres espirituales cuando aceptamos la semilla de
perfección que Él constituye dentro de nuestro ser.

MEDITACIÓN
Halle el lugar en donde mora Cristo dentro de su ser.
Puede buscar en su mente superior y en su corazón.
No necesitará ir muy lejos; bastará tan solo que dedique
un tiempo a observarse por dentro. En donde Cristo brilla
están las palabras "SOY EL QUE SOY", reveladas por vez
primera a Moisés en la zarza ardiente. Sepa que esa es la
esencia de su Ser.

ORACIÓN
Amado Jesucristo, Dios y Señor nuestro,
volvemos los corazones y las mentes hacia ti
para sentir tu poder dentro de nosotros.
Ayúdanos a encontrar el amor y la curación
que tú representas dentro de nosotros mismos.
Enséñanos a conocerte a través de nuestras mentes superiores
para que podamos crecer en gracia y humildad y vivir
en el espíritu de perfección del que eres el modelo.
Haz que aceptemos tu amor incondicional que nos libera
de las pugnas íntimas. Recíbenos, prohíjanos y auxílianos
para que logremos nuestras plenas posibilidades.
Acoge nuestras plegarias de agradecimiento y deja que
alcancemos a ser aquello para lo que fuimos concebidos.
Amén
 


"Lost and Found" © Greg Olsen
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