Eres tú mi Dios, mi amigo, mi hermano,
mi esperanza, mi todo, mi salvador.

Eres, oh Jesús, mi ser,
muchas veces también mi nada;
eres mi bien y mi paz, lo pequeño y lo simple;
eres mi rey, mi camino, mi cruz;
eres, en fin, la resurrección que espero.

Lo sabes todo de mí y me ayudas a crecer.

Eres un misterio,
mi sacramento encarnado.

Eres tú mi historia,
tú la escribes, la corriges y la lees.

Eres el peregrino mudo,
la eterna meta que debo alcanzar.

Eres tú mi Dios, mis alegría, mi cielo,
lo que tanto espero y busco,
lo que imagino y pienso.

Te doy gracias por todo lo que me has dado
y todo aquello que me darás.

Te necesito, Jesús, porque sin ti nada puedo,
sin ti nada soy.

Te espero, porque eres la eterna promesa.

Te llamo, porque siempre estás.

Te amo,
porque tú eres el amor
y me enseñaste a amar.
 


 

Mi Dios y mi Señor,
mi eterno Amado, mi Salvador,
estoy aquí pensando en ti;
tú abarcas todo mi pensamiento,
todo mi ser, mi tener y mi poseer;
tú eres este hoy, este siempre.

Estoy aquí,
pensando que eres mi hermano mayor,
el simple, el puro, el bueno, el eterno,
el bondadoso;
estoy aquí frente a ti y contigo,
para decirte cosas que nacen de mi corazón,
porque sólo a ti te tengo.

Vivir en ti y para ti es tenerlo todo.

Yo sé que algo muy grande nos separa,
pero no pienso tanto en esa distancia;
pienso más bien
que basta que tú lo abarques todo,
que seas tú el inmenso, el santo, el perfecto.

Si tu me amas y me aceptas como soy,
eso me basta.

Lo importante es que la naturaleza humana
por ti fue rescatada, superada, dignificada.

Si no hubiese sido por ti
estaríamos demasiado mal,
porque no habría un lugar para elevar
al débil y sin esperanza,
estaría sumido y esclavo.

Pero tu libertad superó nuestro egoísmo
y tu santidad nuestro pecado.

Desconozco el Autor
 


 

 



               

 



 



Artista Desconocido